sábado 20 de enero de 2018

Sucedió lo que pocos querían: se aprobó la ley previsional. Algunos le llaman la Reforma Previsional. Un eufemismo más de este nuevo lenguaje: fue un ajuste. ¿Cómo fue? ¿De qué se trata? ¿En qué nos afecta?

Argumentos cruzados pero al final es simple

 

Se dijeron muchas palabras, casi infinitas: verdades contundentes, verdades a medias y mentiras flagrantes. Fue un enredo lleno de acusaciones cruzadas, pero no hace falta ser un ilustrado para darse cuenta que 14,5 % (con la vieja fórmula) es más que 5,7 % (con la nueva fórmula). Ese diferencia de 8,8 % menos es lo que cobrarán 8.500.000 de jubilados, y otros tantos de pensionados, discapacitados, niños y excombatientes de Malvinas. Esto significa algo así como 800 pesos por mes menos para cada afectado. O dicho de otra manera: casi 10.000 pesos al año.

No importaron las promesas de campaña, fueron contra los jubilados, contra los niños y contra los discapacitados (los más vulnerables).

El gobierno se “ahorra” 100.000 millones de pesos. Eso es muy simple: se lo sacan a los jubilados. Hay una transferencia brutal de los bolsillos de los jubilados a quién sabe dónde.

Hablan de un bono compensatorio, me hacen a acordar cuando éramos niños y nos daban un “chocolate consuelo”.

Una vez más la CGT, esa organización que supo defender a los trabajadores hizo un papel lamentable. Dejó a los trabajadores y jubilados indefensos. Y largó un paro a destiempo (cuando ya estaba todo consumado) como para no quedar tan al descubierto en su accionar vergonzante.

Hubo muchos discursos, algunos brillantes aunque ya no sirven de nada. Una mayoría compuesta por oficialistas y otras hierbas fue determinante para sacudir a 17.000.000 de argentinos, justo a los más débiles del sistema.

 

De traidores y traiciones



¡Traidores! ¡Vendidos! estos eran algunas de las acusaciones más suaves que se escuchaban en el recinto. Afuera, en la calle y en las redes la cosa estaba más picante.

¿Traidores a quién o a qué? Este es un tema que en la política argentina debe solucionarse. Los contratos electorales deben ser más claros. Más fuertes.

Las ideologías como conjunto de principios tienen cierta flexibilidad pero tampoco son chicles que se pueden estirar indefinidamente.

Lo que en otros países (como Europa o el mismo Chile) está claro: izquierda y derecha, acá nadie quiere identificarse en esos términos. Molesta asumirse, identificarse con uno u otro. Parece que esa camiseta funcionaría como un corsé que no permitiría los juegos parlamentarios (y otros non santos) es decir acotaría el accionar del parlamentario y gobernante.

Que ellos no quieran asumirlo es un problema pero lo verdaderamente grave es que el propio elector no lo exija.

Vamos por parte, ese contrato claro no garantiza posibles desviaciones futuras, pero en esas circunstancias sí se justifican los gritos de ¡Traidor! y a partir de ahí de sanciones (no voto) en las próximas elecciones. Si alguien se asume como neoliberal (derecha) ya sabemos a qué atenernos. Aunque diga lo contrario, la historia nos dice cómo actuará para cada caso. En el caso de los jubilados sabemos que más que los viejos les interesará la caja, “el Excel debe cerrar” dijo en alguna oportunidad el ministro de energía. Y aunque suene mal, está bien. Es una definición de sus valores. Si en la Cámara o en cualquier esfera del gobierno defienden al Excel, nadie les puede gritar: ¡Traidores! Son coherentes.

Del mismo modo, si alguien dice ser justicialista (izquierda o cualquiera de los múltiples nombres utilizados) asume otro compromiso electoral, en este caso la defensa incondicional de los viejos. Se le descontará a otros (a los sojeros, evasores u otros) pero nunca se afectará el bolsillo y el futuro de los más desprotegidos por el sistema. Si no lo hacen, todo el elector está habilitado a gritarles. ¡Traidor! Y en esta oportunidad, hubo varios que quebraron su contrato electoral y su mandato. Está publicado en varios medios quiénes fueron los que no cumplieron con el mandato popular.

Si el electorado les da el mandato de oposición no es para que se plieguen con el oficialismo por algún acuerdo sospechoso o que al menos, nadie conoce.

 

Las cacerolas y las banderas

 

Como replicando esa metodología clasemediera de la década sepultada, en distintos barrios de CABA y otras capitales argentinas, sonaron las cacerolas. Las que otrora se abollaron contra el gobierno populista, hoy suenan contra el gobierno antipopular.

Este puede ser un llamado de atención o un alerta que tanto oficialismo como opositores tendrán que saber leer. Todos recordamos el peso de las cacerolas allá por el 2001. Si alguien no se acuerda, pregúntele a De la Rúa, él que no las escuchó a tiempo, seguro que hoy al querer conciliar el sueño le retumban como voces fantasmagóricas. O no, acaso duerme manso, como los deudores irresponsables.

No importa si fue con cacerolas o sin ellas, si las banderas fueron partidarias o argentinas. Lo que importa es que muchos miles de argentinos salieron a la calle a decir “No estamos de acuerdo”. Salieron a decir: “Basta”. No estamos interpretando el clamor popular, simplemente leemos las consignas.

Puede que pese a eso avancen y avancen con la reforma tributaria. Y puede que avancen con la reforma laboral. Hay una tentación ideológica de hacerla a la brasilera. Si es así, si efectivamente se concreta, estamos ante el más grande deterioro de la historia en materia de derechos laborales.

128 diputados se tomaron la representación de la gran mayoría de los argentinos. El 80 % de los argentinos no quiere estas reformas que en realidad no son reformas sino ajustes o mejor dicho: Ajustes.

Cuando hay una expresión tan mayoritaria los diputados deberían buscar los consensos de los que tanto hablan.

Los que no cumplieron con los contratos electorales, con sus compromisos deberán rendir cuenta a la historia y a sus conciencias (en caso que la tengan).

Meter en esto a los gobernadores (amenaza de fondos mediante) es una prostitución de la República. El sistema republicano está concebido para que sean los diputados los que decidan estos temas. Del mismo modo en las esferas provinciales deben decidir los gobernadores.

 

Alternativas

 

No es verdad que no había alternativas. No es verdad. No hubo diálogo ni tiempo para encontrar alternativas. Todo se hizo entre “gallos y media noche” (nunca mejor dicho), a las apuradas, como para que los festejos de fin de año cubran todo. Y una vez más, la prensa fue cómplice del desguace del sistema.

Uno de los argumentos fue que hay déficit fiscal. No es verdad y si lo es tienen que ver con que bajaron las retenciones a los sojeros y a todas las grandes empresas. Tienen que pagar 360.000 millones de pesos de intereses por las Lebacs, tienen que pagar los intereses de la deuda externa que ellos mismos generaron. Les perdonaron las deudas a grandes empresas eléctricas del país, le perdonaron millones a los que tienen sus cuentas en Panamá. Están a punto de bajar las contribuciones patronales (tal vez al término de esta nota ya lo hicieron). Le perdonan los impuestos (a los bienes personales) a los que más tienen.

Si el monto de cada jubilación es menor, si hay menos para cada jubilado, a nivel macro va a haber una contracción en la demanda. Se va a producir una recesión insalvable. Darle menos a los que menos tienen no es el camino. Contraer la demanda no es el camino.

No queremos ser pesimistas pero estas medidas no nos ayudan a dar un panorama alentador.