miércoles 20 de junio de 2018

Terminando las vacaciones se presentan nuevos desafíos, mejor dicho, empezamos con más de lo mismo: retomar las rutinas de orden y organización familiar, horarios, tareas, responsabilidades y, y, y… ¿Y con el celu cómo andamos? ¿Interfiere en las tareas y en el rendimiento escolar de tus hijos?

Después de varios meses de vacas volvemos a clases. A veces resulta simple pero en algunas ocasiones cuesta mucho retomar el ritmo del año escolar. De nuevo hay que programar los horarios para acostarse y levantarse, dejar listos los uniformes, programar el horario para hacer las tareas. En fin… empiezan de nuevo las corridas, las presiones, los apuros y los límites. ¿Límites? ¡¡¡Claro!!! “Apagá la luz”, “dejá el celular”, “basta de chatear”, “acóstate”, “salí del Face”, “dejá el teléfono de una vez…”

 

Ser padres implica poner algunos límites a los chicos, y en la actualidad el límite principal con los adolescentes es con el uso restringido del teléfono celular, especialmente cuando el objetivo es que aprueben el año escolar. La idea no es sacar radicalmente este aparato del escenario familiar, pero sí ayudarles a comprender que hay momentos para usarlo y momentos en los que este aparato no debe interferir.

 

Entonces… ¿Cómo les trasmitimos este mensaje para que sea contundente y claro? 

 

Está claro que ser alarmistas y tirarles mensajes extremos como: “hijo, se te van a quemar las neuronas”, “te vas a quedar ciego”, “se te van a caer las pestañas” “vas a repetir el año”; definitivamente no resultan. Los chicos no creen en estas predicciones oscuras, entonces lo mejor es dejar de lado estos “sermones y discursos”.

 

¿Qué pasa si probamos con el ejemplo? Difícil… porque a los adultos a veces nos cuesta más que a ellos. Pero si insistimos con el discurso y las prohibiciones lo usarán a escondidas, como en la publicidad en la que todos esconden el celu debajo de la mesa mientras almuerzan. ¿La viste? Entonces siendo prácticos y coherentes te propongo lo siguiente:

 

Podríamos colocar una caja o una canasta para que los chicos dejen su teléfono a la hora de realizar sus tareas. La idea es no interrumpir las actividades escolares hasta que queden completamente resueltas.

 

Esto se complementa con el apoyo que debemos darle al colegio. Si la norma es que los chicos apaguen los celulares antes de entrar a clase, debemos ser consecuentes y hacer lo mismo en la casa.

 

¿Y por qué restringir el uso del celu a la hora de hacer tareas o estudiar? Simplemente porque está comprobadísimo que los “beep” y los “ping” del celu atentan contra la atención concentrada. Además los chicos se ponen ansiosos y se distraen atendiendo más a los mensajes que esperan recibir que a los apuntes que no quieren resumir.

 

Te aseguro que no es un drama y tampoco una misión imposible. Es cuestión de tomar la decisión y ponerla en práctica. Además sólo estás limitando el uso no prohibiéndolo completamente. Al cabo de unos días los mismos chicos te lo agradecerán. Y cuando finalicen el año sin materias a marzo todos juntos podrán celebrar.

 

Cerca del inicio de clase, MA te envía un mensaje de buena onda (no por celu).