miércoles 18 de julio de 2018

Las leyes de Reforma Laboral están en el Congreso de la Nación. Ya no son una idea, son tres proyectos duros y concretos para ser debatidos (o no) y ser aprobados de modo exprés como más le gusta al establishment.

Los proyectos están adentro, prontos a ser debatidos y aprobados. Como en todas las otras leyes no esperarán ni el diálogo, ni los consensos ni los acuerdos. Procederán de manera dura, contundente, en favor de las empresas y empleadores y en un claro deterioro (o pérdida) de muchas conquistas laborales. Lo han hecho con el congelamiento de ingresos al sector público, recorte de extras y bonificaciones, y baja de los convenios de los convenios de asistencia técnica (entre universidades y otras instituciones se verán afectadas más de 7.000 personas) y todo este combo por decreto, sin diálogos ni dilaciones.

Justo en coincidencia (¿?) con el Mundial de Fútbol, hay tres proyectos en marcha: Blanqueo; Pasantías; Sistema de Salud. Son tres proyectos que en principio suenan muy bien, las palabras que los identifican son lindas, seductoras. Si uno está desprevenido casi enamoran. Pero dejarse seducir sin sospechas es una ingenuidad que un dirigente no puede tener. Ya conocemos las intenciones de los “manos de tijera” y en el horizonte, cada vez más cerca de nuestro cielo (o de nuestro infierno) el FMI merodea con su remanida receta de ajustes.

Nos quieren hacer creer que el Fondo en el fondeo es bueno, que Christine Lagarde no es la bruja malvada que endeudó a muchos países, entre ellos a Grecia que hoy tiene que vender islas para poder hacer frente a los compromisos con el fondo. Nos quieren seducir con esta nueva Christine que llega a la Argentina y que podría tener como apellido Ingalls, podría ser una más de aquella legendaria familia en que todos eran buenos, con una bonhomía infinita. Está mil veces demostrado que ser prestamista es incompatible con ser bueno.

¿Por qué aparece de nuevo el Fondo en el centro del debate? Porque el año pasado, el 29 de diciembre, mientras nosotros debatíamos si pasaríamos el fin de año con la suegra o con la mamá, si la ensalada de fruta se tornaría clericó o no, el FMI que no tiene Dios ni paz, emitió un documento con una serie de recomendaciones para el Gobierno Argentino. No parecía un escrito de la familia Ingalls: pedía mayor competitividad, bajar las indemnizaciones y flexibilizar los molestos convenios colectivos de trabajo. Es claro a qué apunta todo: a bajar los “gastos” laborales para que el Estado pueda juntar las remesas que a fin de mes, el Fondo en persona pasaría a buscar.

Todos estos temas son los que está debatiendo y trabajando AOMA con sus Delegados. Mientras otros gremios y funcionarios dudas o esperan, AOMA asume el compromiso de adelantarse para que nadie lo madrugue. Nadie puede esperar a que entre partido y partido de la selección nos enteremos que se aprobaron las tres leyes a libro cerrado, o peor aun, con algunos agregados que según el mismo Triaca, aunque no figuren en el texto original están acordados.

AOMA es un ejemplo de cómo trabajar en la concientización y capacitación de los Delegados. Fueron doce jornadas de intenso trabajo. En las comisiones se produjeron debates interesantísimos donde cada Delgado expuso el problema más álgido o contó distintas experiencias o visiones de la comunidad en la que está inserto.

También se debatieron escenarios posibles y diversas acciones tendientes a evitar reformas que vayan en contra de los derechos laborales. Con las tarifas, la inflación y la pérdida de salario real no se puede seguir perdiendo más.

Los debates fueron largos y acalorados porque el tsunami nos puede llevar puestos a todos. El Mundial puede ser un buen divertimento pero también, la excusa para que en la distracción se haga verdad la máxima del Diego. por las dudas hay que estar atentos y cerrar filas.

En cualquier área de trabajo, el Gremio es más importante que nunca, es el resguardo y el reaseguro frente al embate que se pretende para con los trabajadores. Frente a los despidos y los abusos patronales los trabajadores tienen que buscar protección y juntos abroquelarse como lo hace la corporación del campo.

Solo un ejemplo ilustrativo de una defensa corporativa: los sojeros tienen una ganancia fabulosa y extraordinaria. Ganaban con un dólar a $ 9,50. Imaginemos con un dólar a $ 25 por el mismo producto y la misma actividad. La ganancia es sideral, sin embargo en cuanto hubo una mínima amenaza de aumentarles una pequeña cuota de retenciones saltaron de manera corporativa y encarnizada. Inmediatamente el Gobierno congeló la posibilidad de hacer caja en el lugar donde hacen paquetes.

Del mismo modo, los trabajadores tienen operar corporativamente para defender sus conquistas que no son excesivas ni gratuitas.

Una vez AOMA es ejemplo de valentía y vanguardia. En un escenario cambiante y amenazante, AOMA se puso al frente con el eslogan: Hay futuro, pero no lo regalan.