jueves 15 de noviembre de 2018

Aunque no lo creamos, ya estamos casi a punto, faltan apenas unos días, sí ya sé parece un siglo pero naaa, de verdad que son solo unos días. ¿Qué vas a hacer?

—A mí no me jodan —dijo Janita levantando el tono de voz.

—De onda, te digo que va estar bueno —Le dijo Marga a modo de contestación

—Me quiero quedar en mi casa, hace mucho mucho frío. Creo que si salgo voy a quedar congelada como la estatua de la Libertad —dijo Janita.

—¡Buena, no es para tanto!

Así empezaban a hablar Marga y Janita, dos compañeras de colegio que eran tan unidas como uña y mugre.

Estaban hablando de las vacaciones. Janita es tirando a vaguita, le gusta la onda sillón, frazada y teléfono. WhatsApp a full y nada a full.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar todas las vacas en tu sillón? ¿Te diste cuenta que ese sillón tiene grabado tu cuerpo? Te levantás y no se vuelve a inflar, tu cuerpo sigue ahí como invisible, pero sigue ahí.

Ambas se rieron mucho de la ocurrencia de Marga, entonces Janita preguntó:

—¿Y qué querés que hacer?

—Lo primero decime que estás dispuesta a levantarte de ese sillón y dejar el teléfono. Con el cuerpo en horizontal, los dedos y los ojos clavados en la pantalla we can not do anything —contestó Marga.

—¿Ah?

—Así es: no podemos hacer nada. Las últimas veces que vine te tuve que preparar un mate intravenoso porque no tenías una tercera mano para agarrarlo.

—Bueno dale bolacera. Sorprendeme —le dijo Janita mientras se acordaba y se reía de lo que le decía Marga.

—¡Esa es la actitud! Bien ahí. Te cuento alternativas, me dijeron que en el Centro Cultural Conte-Grand hay talleres muy copados. Hay de pintura, teatro, poesía, arte… son tantos que no me acuerdo —dijo Marga.

—Naaa, para eso prefiero quedarme acá —dijo Janita como cerrando el tema.

—¡Trato hecho nunca desecho! me prometiste dejar el negativo de tu cuerpo en el sillón. Vamos en positivo, dejame que siga con alternativas y tenés que elegir una o dos. No me vas a hacer pensar en todas para terminar en cero —dijo Marga en tono de humorada.

—Bueno dale bolaso, seguí.

—Sabés que hay buenísimos trekking por distintos senderos del dique, del de Ullum y del de Punta Negra. Para vos que sos friolenta te cuento que en la siesta y caminando por ese paisaje impresionante no te da frío, al contrario, me dijo una amiga que te tenés que empezar a sacar la ropa. Eso está bueno.

Te largo otra, armamos un grupete y… en ese momento Janita la interrumpió:

—Eso es más difícil que conjugar el verbo abolir.

—Bue, cuando te digo un grupete te digo cuatro o cinco, tampoco diez —dijo Marga.

—Ah sí, y sería bueno que vaya un chabón que por si nos pasa algo, viste que ellos siempre se dan maña.

—Sí es verdad. Está bueno. Invitemos al Javi, a ver si ahí pasa algo —dijo Marga como buena cómplice.

—La opción de Netflix siempre está buena, pero la podemos mejorar. Nos juntamos nosotras, lo invitamos al Javi ¡obvio microbio! y hacemos alguna piza, panchos o algo así y vemos una peli buena, comedia ¡porfi! —dijo Janita.

—Encontrar un título bueno es más difícil que encontrar una suegra buena.

—Sí, es verdad pero hacemos esto, que cada uno traiga tres títulos y ahí votamos cuál nos pinta. Tampoco es imposible. Ahí están todas las películas de la humanidad ¿cómo no vamos a encontrar una? —dijo Janita.

—Te cuento otra. ¿Viste que en el curso hay varias que dicen que les gusta el fútbol? Siempre están que dale y que dale con la pelotita. Me tienen las pelotitas… bueno al margen de eso, ¿qué onda que organicemos un partido entre nosotras? Todos los hombres van a estar a puro Mundial, aprovechemos.

—Sí ¿y el Javi? —dijo Janita.

—Al Javi lo ponemos de árbitro.

—¡De una! Me encantó. Y se me ocurrió otra, viste que a la Delfi le encanta pintar y siempre dice que ella quiere pintar en grande. ¿Y si le preguntamos si se anima a que pintemos un mural bien grande? —preguntó Janita.

—Eso estaría reloco, me encantó ¿Adónde se te ocurre? —dijo Marga.

—En la casa de mi abuela, ella tiene en el frente una pared bien al pedo y de una. Yo le digo y seguro que la convenzo. La noni tiene onda, yo sé.

—Ya que estamos en esta buena onda, te cuento otra: ¿qué tal si empezamos con telas, o con murgas? —preguntó Marga.

—Buenísimo, cualquiera de las dos son buenas. ¡Vamos a empezar y chau sillón!