jueves 15 de noviembre de 2018

Cuadros de grandes dimensiones donde predomina el azul y la pequeñez de ser humano, es lo que más identifica a este Maestro del arte. Humilde, amante del fútbol, del asado y de ver belleza hasta en el viento Zonda, así es Mario Pérez. El pintor dialogó con MINERO ARGENTINO sobre los colores, su visión del mundo y de la vida.

El reloj marcaba las 19.30 cuando arribamos al taller de Mario Pérez, día pactado y hora exacta, sin saber que si no lo hacíamos desordenábamos la vida ordenada del gran maestro del arte sanjuanino. “Organizar mi tiempo libre me da cierta paz, pero si me decís mañana vamos a ir al centro y después no vamos eso ya me desorganiza, es medio raro pero es así. Soy esquemático, organizo mi día y eso me da felicidad”, comentó mientras observábamos en la pared el esquema del día en cuestión.

Su taller es el orden en estado puro, donde las obras de grandes dimensiones ocupan todos los espacios. Desde el ingreso, el arte nos invita a introducirnos a este mundo mágico propuesto por cada una de sus pinceladas. En la entrada al taller hay una escultura adosada al piso que dice “El Viaje” y tiene un barquito; representa lo que para él es la vida.  “Es un viaje, en donde lo sabroso está en el medio”, dijo.  Tras pasarla nos sumergimos en el universo de las grandes dimensiones, del cosmos, de los azules, de las luces, y de los rojos intensos de la obra de Mario Pérez.

¿Cómo empezás ese viaje?

Creo que eso ya venía en el envase -se ríe- . Cuando llegué  a esta vida ya estaba incorporado. Son dones, misterios, como los que juegan a la pelota que vos decís trae un plus, es un genio…

Siempre estuvo el arte en mi vida, desde el dibujar en el colegio, de que las maestras se dieran cuenta y le dijeran a mi madre hágalo estudiar porque tiene talento. Y de grande lo hice, aun sabiendo que no hay una educación por el arte en la provincia, y es muy difícil pensar en vivir del arte, porque no hay una galería grande, por ende no hay una ubicación; y no hay mercado.

Hoy la gente que trabaja lo hace muy a pulmón. Los precios son variables, excepto para las personas que trabajan con galerías de Buenos Aires, o con casas de remates.

¿Cómo lograste saltar ese obstáculo?

Había una inconciencia, no lo podría explicar, hay cosas que han sido medio enigmáticas para mí. Y con el tiempo, han tomado una ubicación. Desde que me subía a los techos a mirar cómo la tarde se iba,  cómo salía la primera estrella en el cielo, o ver cómo en los vientos Zondas la gente corría por las calles, como las primeras lenguas de fuego envolvían de alguna manera los árboles. Volaban los tendederos con ropa, se escuchaban los gritos de que viene el Zonda… que son todas cosas que me atrapaban a mí.

¿Qué es el azul para vos?

El azul es muy extraño, lo que pasa es que si uno tiene el ojo bien finito se dará cuenta que vivimos en un desierto, los colores son muy lavados, hay muchos tierras, hay una escases casi dramática de color. Pero extrañamente en la noche cuando el azul aparece, explotan los colores. Puedo ver los lilas, los verdes intensos, las luces, las estrellas, que en otro lugar no podés por el smog, acá tenés un cielo tan limpio…

¿Crees que si no fuera San Juan, no te inspirarías igual?

No sé ni me lo pregunto, soy de San Juan, soy un animalito de este estanque –se ríe.

Me di cuenta a través de mi ojo que en la noche explotaban los colores, yo soy colorista. Y a veces el día no me da esa oportunidad  de liberarme en cuento a una paleta completa de colores.  En la noche me sentí muy cómodo y empecé a trabajar los nocturnos, y hoy por hoy, creo que me identifican en el mundo por ellos.

Mis obras no sólo tienen mercado en Argentina, sino también en Miami, Centroamérica, Nueva York… y me ubican por las noches, por los azules. Después por los rojos, pero primero por los azules. Yo no pinto la ciudad, lo urbano, sino una mirada más espacial, con personajes pequeños dándole una ubicación al ser humano dentro del cosmos, por eso también los azules. Uno se siente grande, pero al lado de un cerro no somos nada.

¿Por qué cuadros gigantes?

Uso formatos importantes porque si uno grita, hay que gritar fuerte –se ríe y continúa explicando-  Si quiero mostrar lo espacial hay que hacerlo en tamaños importantes; porque así el espacio se expresa mejor.

¿Qué es lo más raro que has creado?

La luz. Extrañamente es lo que más mira la gente; como los animalitos que van a la luz. Dentro de mi pintura aparecen pequeños focos de luz que son los que crean situaciones intimistas, y por eso llama la atención. Hoy como que uno ya maneja esto y busca pequeños centros de atención dentro de la obra, y es ahí donde aparece la luz. La uso para ir guiando al ojo.

Sencillo, universal como su obra, y generoso, no recuerda cuando fue qué vendió su primera obra. Ni mucho menos cuando pasó de ser Mario pintando en su taller a que su obra fuera “Un Mario Pérez”.  Sabe que su arte es valorado, que es Un Grande, pero le cuesta reconocerlo.

“No gozo de los logros, he tenido premios, he salido en revistas de remate y de todo tipo, eso me da alegría, pero pasado ese día, me olvido. No hay nada que colme mi interés ahí, siempre fue así, es como no querer creérsela”, comentó. “Sé que soy una persona trivial, normal pero sé que lo que producen mis manos no; tocan otros sentidos más elevados”, agregó.

¿En qué momento notaste que pasaste de pintor a maestro del arte?

No lo sé. Sé que tengo puntos en mi carrera que son importantes, en la primer muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes me di cuenta que había pasado una línea. Te vas dado cuenta que has pasado una línea por los palos, porque son muchos los que quieren exponer y pocos los que llegan. Después al aparecer en los remates de Christie’s en Nueva York, sé que pasé otra línea.

¿Dónde estuvo la clave?

En la generosidad. Por ejemplo, una galería me pedía 5 obras,  y yo mandaba 10 y como se vendían me pedían más.  A algunos les da miedo, por eso no lo hacen. Para mí la clave estuvo en no ser mezquino y saber que cada uno tenía que ganar algo. Creo que haber sido generoso ha sido una llave de éxito… también uno es intuitivo y se informa con quién está tratando.

¿Qué pasa cuando la gente ve tus obras?

Quedan como fascinados, me ha pasado que tienen un 30 por ciento de su desarrollo y te dicen no la toqués ya está maravillosa, y yo sé que está en un 30 por ciento y decís pero… qué mira este. Causan como una especie de hipnotismo, suelo pensar que hay otra cosa que no es la razón, como que el ser se quiere apropiar de lo mágico, que entra en una especie de gozo. Por ahí es el único aporte que el artista hace en la vida, porque es medio egoísta estar encerrado en el taller, después sacar la obra y que venga el dinero…lo lindo es ver que las personas se ubican en estado contemplativo, de deleite; a mí me ha pasado. Y, a veces, te dicen: No sé, no entiendo, pero me gusta.

Es que la pasión que fluye de las palabras de Mario Pérez cuando habla de arte, de la fantasía, de lo real maravilloso que hay en sus pinturas, de las sensaciones que uno guarda de una ciudad y salen en el lienzo de repente, se ve alegría. Y cuando uno pone su alma en lo que hace, como lo hace Mario, el aura te envuelve y te traslada al paraíso del goce estético… y sin querer, quizás, estás contando una historia, viviendo una sensación o experimentando un deseo oculto que está envuelto en los rojos, los azules y las luces.